El bien y el mal

Llevo creando dudas sobre la ética desde que tengo uso de razón y he prolongado dicho cuestionamiento hasta la actualidad; he abrazado el escepticismo moral hasta corromper mi vida y he aprendido que ha sido un error, pero de eso ya hablaré otro día. De lo que quiero hablar hoy es del “Bien” como el engaño que es. 

Para Nietzsche, Platón trató de curar la decadencia griega con la moralidad, generando así una de las mayores enfermedades de la sociedad. Para mí, Platón salvó a la sociedad con la moralidad pagando el precio de condenar a la libertad. La realidad es que no existe respuesta correcta para la moral, es un concepto insaciable por ser de creación humana y solo nos queda aferrarnos a conceptos vacíos o entidades inexistentes para engañarnos a nosotros mismos con la idea de un mundo justo (Karma, Dios, Ley, Derechos Humanos, dignidad, respeto…). Cualquiera de ellos al ser deconstruidos muestran sus carencias o sus falsedades, están vacíos, incompletos, son artificiales… pero todo esto que digo es racional, mientras que la moral, como creación humana, tiene una carga emocional inevitable. Uf, son demasiadas ideas las que tengo ahora mismo en mi cabeza y no sé por dónde empezar, las estoy introduciendo sin una conexión clara… Si voy a comenzar que sea como abogado del diablo, destruyendo.

¿Robar es un acto reprochable moralmente?¿Qué estructura se sigue para llegar a dicha conclusión? Lo normal sería afirmar tajantemente que está mal, pero si lo justificamos, caemos irremediablemente en los conceptos vacíos de los que hablaba antes. El discurso habitual se asemeja a lo siguiente: robar está mal porque tomas aquello que no te pertenece, privas de sus derechos a un individuo, lo cual es un ataque contra la integridad y la dignidad de la persona, y eso es precisamente lo que nos lleva a crear derechos, asegurar la dignidad de las personas. Roza lo circular a propósito porque así funciona el discurso moral, y es que los derechos que buscan garantizar el bien social se sustentan bajo falsos pilares. Pero aún hay más, porque sobre la idea de derecho se sustenta la de deber entendido como exigencia hacia una persona. En este ejemplo me estoy centrando demasiado quizás en el ámbito legislativo más que moral, pero al fin y al cabo la moral ha evolucionado en este sistema de derecho-exigencia, inmunidad, dignidad… 

Pese a todo esta crítica defiendo que la moralidad ha salvado a la sociedad ¿Qué sentido tiene? Comienza a cobrar lógica si vemos a la moral como una eusocialidad que consigue ser obligatoria y necesaria de manera sutil, y esto tiene una estrecha relación con el dilema del prisionero por lo siguiente: cualquiera de los dos prisioneros tomaría la decisión más egoísta pese a existir una opción mejor, y esto se debe a que desconfiamos de la otra persona. Sin embargo, una ley moral o un código religioso puede conseguir que los individuos se vean forzados a tomar la mejor opción. No lo hacen porque confían en el otro, sino porque hay algo superior a ellos que les obliga a hacerlo, y ese algo siempre tiene un mismo objetivo: la manutención y la supervivencia de la sociedad. Por eso precisamente es la salvación de la sociedad pero la condenación a la vez, porque toma la libertad de los individuos y la subleva a la comunidad, ya que considera a ésta como un fin último. Pero la pregunta que yo planteo ahora es: ¿es la sociedad nuestro fin último? Al igual que con la moral, no tenemos ninguna fuente de conocimiento inequívoca que nos asegure si buscar un objetivo social está bien o mal. Es precisamente en esta última parte donde mayor negación obtengo por aquellos pobres ilusos que decidieron escucharme, y es porque la mayor mentira que estructura la moral es la idea de que la sociedad es un buen fin a perdurar, y esto ha arraigado en nuestra mente como la base de todo nuestro comportamiento hasta el punto de afectar a todas las decisiones que tomamos, afectando especialmente a nuestras emociones cuando rompemos las líneas marcadas (estoy seguro que la primera vez que incumpliste conscientemente la ley sentiste remordimiento). Y no digo con esto que el ser humano sea asocial, en absoluto: por naturaleza tendemos a crear grupos sociales y ayudarnos entre nosotros para sobrevivir, pero lo que quiero decir es que en ninguna parte de ese instinto aparece la idea de absoluto (porque en el instinto no está la verdad absoluta) ni la de dignidad, integridad o moralidad. Hemos tomado una tendencia de nuestra forma más primitiva (estaréis conmigo en que nuestro lado primitivo e instintivo no es precisamente algo absoluto y sin contradicciones, lo cual prueba su ineficacia como fuente de conocimiento) y la hemos elevado a la enésima potencia para obtener lo que no poseemos de forma natural: la eusocialidad. El precio a pagar por obtenerla es la pérdida de la libertad en favor de la moral como reguladora, ya que aquellos comportamientos que no van en favor de la sociedad tratan de ser suprimidos por esta.

Si tengo que poner un fin a todo esto sería siendo un hipócrita o, más bien, egoísta. Seguid la moral, id a votar, respetad la dignidad de los demás y no robeis, es más, os aplaudiré por ser buenos y os insto a continuar por esa senda mientras yo, buscando las pequeñas rendijas de la ley y la moral, llevaré a cabo la mayor expresión de libertad posible: hacer el mal.



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