Roto


Cada paso de mi vida es una herida,
voy descalzo por un prado minado de platos rotos,
y con los pies en carne viva,
que cuando pisan tus despojos
se lastiman, pero así deben seguir.
Yo me enamoré del juego, de la suerte, del azar,
del tenerte o tenerte que olvidar.
El Niño de la Hipoteca (2009). No te irás jamás.

Hoy estoy roto, mi enemigo ha salido triunfante una noche más sin merecerlo. Esta rata sarnosa es la perfecta representación de todo lo que odio. El muy miserable, como si fuese el Titanic en un mundo utópico, se lanza al iceberg y sigue su camino sin entender todo lo que se ocultaba bajo el océano, una auténtica joya de la naturaleza que solo ve, al igual que el Titanic, la punta de sí misma.
Y lo que yo ahora me pregunto es: ¿merece la pena todo el dolor que yo mismo me causo con todo esto? Ya se que el mundo está lleno de miserables y no merecen lo que tienen (ni mucho menos) y, sin embargo, consiguen lo que quieren. Tengo que hacer algo porque esto me deja siempre roto por dentro. ¿Acepto que este no es el contexto ni el momento para buscar sentimientos y ser yo misma o me adapto al medio y sigo la corriente para, en la medida de lo posible, disfrutar del camino de las emociones vanas y primitivas? Desde luego la segunda opción es la que encaja con el Erasmus, pero me sabe a ceniza y dudo que cambie. La primera no es precisamente una exquisitez, sabe a decepción y pérdida de tiempo. En momentos así añoro un Dios que decida de manera inamovible lo que debo hacer. No se como terminar esto, quizás cuando tome una decisión retomaré este texto.

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