Cuenca
Smoking cigarettes on the roof
You look so pretty and I love this view
Comienzan los temblores, las ideas intensas, románticas y odiosas.
Por qué apareces en mi vida así, sin más, como una sombra que se extiende cuando soy vulnerable, haciéndolo todo más imponente. Cuando me siento curioso llegas, me muestras todo lo que puedes enseñarme y te vas. Solo por pensar en esa noche, con una cerveza como combustible, comienzo a temblar sin sentir frío, se me acelera el corazón sin un ápice de miedo. Ni yo soy capaz de comprender la magnitud de las emociones que intentábamos gestionar esa madrugada, y precisamente eso da sentido a la vorágine de ideas contradictorias que vienen. No estoy preparado para vivir un día contigo porque agitas todo dentro de mí, me haces odiarte, amarte, repudiarte, añorarte… y todo ello sin proponértelo. Trato de racionalizarlo, de entender que puedo contar con los dedos de una mano los minutos que habíamos hablado y, sin embargo, te sientas a mi lado, me abrazas y me siento perdido, sin intención de encontrarme ni de buscar el camino. Un imán, una adicción a las sensaciones del corazón, una alarma de las pasiones que no sentía desde hacía mucho.
Me agarraba a ti conteniendo todas mis ganas de destrozar el mundo, deseando que solo quedásemos nosotros para así permitirme el imposible lujo, la riqueza de darte un beso sin repercusiones, sin culpas. Y no lo intenté, por más cerca que estuve no lo intenté, porque sabía que luchaba en una batalla perdida donde los contendientes solo intentábamos disfrutar de la violencia. Y te odiaba, porque me esperaba a la noche siguiente la oscura y vacía soledad del que anhela toda su vida encontrar respuestas al otro lado de la cama con los primeros rayos de sol, mientras que para ti sí había luz. Y me envidiaba, porque una parte de mí poseía un momento contigo que ahora solo puede ser recuerdo, y cada día más lejano, cada día peor recordado y más anhelado. Abrí mi pecho sabiendo que mi corazón solo podía salir roto y lo aceptaste, sabiendo que entregándome el tuyo volvería a tus manos con una pieza menos. Y nos equivocamos, cometimos el error de sentirnos bajo el descaro de dormir abrazados, y en mi error no me arrepiento, me reafirmo como un iluso que te llama para recordar tu voz, lo único que me mantenía con la seguridad de que no me equivocaba en la oscuridad. Y, sin embargo, fuiste tu la que más arriesgó, pero ambos pagamos el precio de la entrada a un espectáculo que no era para nosotros, que no podíamos permitirnos, porque ahora sentimos, ahora añoramos. Nos quedamos observándonos entre las sombras. porque allí la culpabilidad y el crimen no se distinguen.
Intentamos gestionar…, y fracasamos. Intentamos dormir…, y trasnochamos. Intentamos no sentir…, y ahora pienso que sería mejor no conocerte para poder dormir tranquilo. Cada idea sobre ti es una diatriba contra mí mismo por sentir tanto sabiendo el precio a pagar, porque la miel no se hizo para la boca de asno y yo sigo acercándome al panal, a intentar revivir una caricia tuya sin darme cuenta que solo con el recuerdo ya siento los aguijones de la realidad, de recordar la distancia que nos separa. Porque prefiero seguir recordando aunque me duela saber que no seremos, que todo es parte del pasado y que intento mantenerme vivo con las pobres cenizas que quedan del calor que pasamos en tu habitación. Y nuestras historias siguen, y yo sigo intentando pensar que lo que no pudo ser será, que todo es posible y todo sigue igual, pero te has llevado un fragmento de mí que no quiero recuperar, que te pertenece. Has venido para quedarte y así lo quiero.
Comentarios
Publicar un comentario